viernes, 24 de noviembre de 2017

¿Cuáles son las diferencias entre las películas de DC y Marvel?

Contrario a lo que los detractores del cine de superhéroes digan, estas cintas no están “acabando” ferozmente con la creatividad en Hollywood (ese problema ya existía desde antes) y no, tampoco son un arma de expansionismo bélico propagandístico como diría Alejandro González Iñárritu —palabras que pronunciaba al tiempo que se mordía la lengua al seguir en la misma industria que produce esas cintas del “genocidio cultural” que tanto detesta—. El cine de superhéroes es otro sabor del cine de acción y aventuras, historias que beben mucho de los viejos mitos y leyendas de las civilizaciones antiguas. A nivel cinematográfico, los realizadores detrás de esta nueva oleada de cintas heroicas emplean viejos trucos narrativos, lo que han cambiado es que ahora se producen de manera masiva, en serie, algo que difícilmente ocurría en el pasado con dicho subgénero, pero esto tampoco es un fenómeno nuevo.



Crear universos cinematográficos es algo que el mundo ha visto antes: en los 30 y 40 el estudio Universal lanzó una serie de cintas basadas en monstruos de la literatura universal y pronto empezaron a compartir escena para deleitar al público con encuentros entre Drácula, el Hombre Lobo y, eventualmente, los comediantes Abbott y Costello. El reciente intento de revivir esto con Tom Cruise fue un fracaso rotundo debido a las pésimas decisiones implementadas, pero ese es otro tema. El estudio británico Hammer hizo algo parecido al empezar a lanzar una serie de cintas basadas en dichos monstruos, pero con un toque gótico victoriano. La idea de contar una larga historia por partes, como si fuera un serial de los que se exhibían los fines de semana en cines antes de la llegada de las series de televisión, también existía desde antes. Por supuesto, ahora las cintas de Marvel y DC pueden hacerlo de formas más estruendosas y con aparatos de publicidad enormes.

Contrario a lo que dicen los críticos, el cine de superhéroes es capaz de contar historias complejas sobre la condición humana. Sin embargo, el formato actual del blockbuster difícilmente permite que el desarrollo de personajes se convierta en prioridad. Así como los viejos seriales de Flash Gordon - 82% y similares, la idea central siempre será entretener a la gente y mantenerla en suspenso para ver la próxima entrega de la serie/saga. Dicho sea en otras palabras: por cuestiones prácticas, una cinta de superhéroes abordará temas intrincados de manera sólo superficial. Al final del día, la gente desea ver efectos, combates, humor y un villano que ame odiar y sea derrotado. Es un esquema narrativo que funciona y que, en buena medida, comparten Marvel Studios y Warner, dueños de los derechos cinematográficos de DC. Ninguna de estas empresas ha decidido volver a inventar la rueda, ambas quieren entretener y eso es algo perfectamente válido. Sin embargo, cada compañía ha decidido perseguir a las audiencias de manera diferente. El éxito de uno y el espinoso camino que ha seguido el otro se diferencian por una serie de elementos muy específicos, que desentrañaremos a continuación.

Planeación vs. apuro

Una de las diferencias clave entre lo hecho por Marvel Studios y Warner se resume en planeación y estrategia. Por supuesto, esto no nació de un día para otro en el caso de Marvel. Cuando Iron Man - El Hombre de Hierro - 93% se estrenó en 2008 (producida por Marvel Studios antes de la compra de Disney) absolutamente nadie imaginaba el éxito que sería. Pocos parecen recordar que hace diez años Marvel Studios se había quedado con los “peores” personajes del universo de cómics, es decir, con los menos populares. Iron Man, Capitán América y Thor eran personajes que habían tenido su auge en la época de plata, entre los 70 y 80. Spiderman estaba con Sony y Fox tenía a los X-Men. La apuesta de la primera cinta de Iron Man era arriesgada: un personaje que pocos conocían con un actor cuyas glorias estaban en el pasado y que aún sufría el acoso de los fantasmas de sus adicciones (Robert Downey Jr.. Contra todo pronóstico, la cinta triunfó y a partir de ahí comenzaron a trazar un plan. Se anunciaron películas de Thor y Capitan America, así como una secuela de Iron Man y una eventual cinta de los Los Vengadores - 92%. Para muchos esto era una idea arriesgada; nada garantizaba que el éxito se repitiera, pero la figura de Kevin Feige creía firmemente que debían trabajar con lo que tenían y dar vida nueva a estos personajes aparentemente olvidados.

Ahora, cosas como “la escena postcréditos” y otros detalles se asocian inmediatamente con el modelo presentado por Marvel. Warner y DC venían del éxito de la trilogía de Batman del realizador Christopher Nolan, una serie de películas ambiciosas y exitosas que nunca buscaron construir un universo más grande de lo necesario. Para 2013 la necesidad de alcanzar a Marvel y lo hecho con sus cintas de héroes en solitario y en equipo era imperante. En su momento, una cinta de la Liga de la Justicia había sido pensada con George Miller al frente, pero no logró concretarse.

Con la llegada de El Hombre de Acero - 55% empezaban a ponerse las bases del universo cinematográfico de DC, algo que pretendían concretar con Batman vs Superman: El Origen de la Justicia - 27%. David S. Goyer escribió el guión y Zack Snyder dirigió y los resultados fueron mixtos, pero suficientemente robustos para levantar de sus cenizas al hombre de acero. Sin embargo, en 2016 quedó en evidencia que el proceso de Warner para formar un ecosistema fílmico era menos cuidado que el de Marvel. Escuadrón Suicida - 25% y Batman vs Superman: El Origen de la Justicia - 27% tuvieron resultados menguantes a nivel trama. Personajes con motivaciones dudosas o que no tenían sentido, un tono áspero y un sentido de importancia que rayaba en la arrogancia fue lo que el público vio en estas dos cintas. Marvel continuaba pujante en sus fases mientras que Warner parecía batallar para iniciar una sola fase con éxito. ¿Por qué la planeación que tiene Marvel parece estar ausente en Warner? Será quizá porque no existe una cabeza, al menos no una bien orientada. Si necesitan más evidencia de que Warner aún no termina de encontrar el camino con sus cintas no hay más que voltear a ver al anuncio de que habrá dos películas del Joker con dos actores diferentes en el papel estelar, cada una desarrollada en su respectivo “universo”. Si esto suena confuso es porque lo es y es sólo la punta del iceberg del desorden que existe respecto a la forma en la que deben abordarse estos personajes y franquicias de cómic.

El productor vs el director

Marvel tiene a Kevin Feige, DC y Warner a Zack Snyder. El primero es un productor que ha estado detrás de prácticamente la mayoría de las cintas relacionadas con la casa de las ideas desde Blade - 88%, protagonizada por Wesley Snipes. Por su parte, Snyder entró en la ecuación al dirigir El Hombre de Acero. Feige ha sido persistente en su misión de dar solidez y rumbo al universo Marvel en la pantalla grande. Su labor es un recordatorio de la importancia que tiene el rol de productor, muchas veces subestimado o incomprendido. El productor de una cinta se encarga de reunir a los elementos necesarios para dar forma a un producto cinematográfico: director, guionista, reparto y cualquier otro creativo que sea necesario incorporar. Por su parte, el director depende del guión (si es que no lo escribe) y de ahí tendrá que poseer el tacto narrativo adecuado para llevar por un buen camino la trama en cuestión.

Aquí llegamos al punto donde es importante diferenciar que una cosa es lo que representa el universo de cómics de DC y otra muy diferente la visión de Zack Snyder. Son dos cosas que, a la fecha, difícilmente han logrado complementarse. Snyder ha tomado pistas visuales de diferentes historias del catálogo de DC y las ha reinterpretado a su manera con el apoyo de su esposa Deborah en la producción y de guionistas como Chris Terrio y el ya mencionado Goyer. Hay que recalcar que Snyder generalmente no es el guionista de sus cintas. Por todo el sabor visual que puede inyectar a la pantalla, queda claro que las pautas dramáticas no son su fuerte. Sus mejores proyectos, Watchmen, Los Vigilantes - 65% y El Amanecer de los Muertos - 75%, estaban basados en historias específicas o escritas por gente como James Gunn en el caso del remake del clásico de George A. Romero. Mientras en las series animadas de DC alguien como Bruce Timm llevaba años de ardua labor, Snyder era, en muchos sentidos, un desconocido para este mundo.

A pesar de que Geoff Johns ha cobrado importancia en este esquema de producción, Snyder se mantiene como el líder moral y narrativo de las cintas de DC, lo cual presenta un problema: un director que busca marcar a otros directores los pasos a seguir para construir historias y personajes. Esto puede presentar un problema si, una vez más, el director en cuestión tiene severos problemas para construir mundos, personajes e historias —como Snyder—. Por supuesto, pretender culparlo de todos los problemas de cintas financiadas por enormes filas de ejecutivos de estudio sería absurdo. Escuadrón Suicida - 25% de David Ayer es el claro ejemplo de que, a pesar de la toma de decisiones de Snyder, Warner carece de un verdadero liderazgo en este universo cinematográfico que pretende construir. La cinta de Ayer fue rebanada y reorganizada por temerosos ejecutivos desesperados por agradar al público con esta historia de antihéroes “muy malos”. A pesar de una taquilla saludable a nivel argumental Warner, tenía otro desastre sin pies ni cabeza.

A pesar del aparente gobierno monárquico de Snyder, alguien como Patty Jenkins logró entrar en la ecuación y tener el único éxito de crítica que ha tenido DC a la fecha: Mujer Maravilla - 92%, lo cual nos lleva al siguiente punto.

Directores

La rotación de directores que han pasado por Warner es menor a la que hay en Marvel debido a que el número de producciones es menor, pero una vez más, con las huellas de Snyder en casi todos lados es necesario preguntar si realmente vale la pena dar tanto control creativo a una sola persona. James Wan está por arribar el próximo año con su cinta en solitario de Aquaman, pero falta ver si el realizador tiene el mismo instinto narrativo que tuvo Jenkins con su cinta de la guerrera amazona. Marvel, por su parte, ha apostado a traer directores jóvenes de perfiles independientes detrás de sus producciones. Taika Waititi, responsable de cintas humoristas de perfiles mucho más mesurados, llegó a la última aventura de Thor y a pesar de que no escribió el guión otorgó a la aventura nórdica una paleta de colores increíble, así como un timing cómico que, a pesar de seguir en la línea con lo hecho por Marvel, tiene personalidad. El neozelandés entiende a la perfección que la comedia y la tragedia van muy de la mano y que la tormenta del drama sólo logra acentuarse después de que pasa la calma que ofrece una sonrisa en el espectador.

Esto nos lleva al punto final…

Tono, trama y personajes

Mucho se ha hablado de la dependencia de Marvel por la comedia y la enajenación de DC con lo “crudo y sombrío”. Lo cierto es que, dicho sea de nuevo, ambos universos buscan satisfacer las necesidades de entretenimiento de sus espectadores. Snyder y sus pretensiones de reinventar los mitos (sin entenderlos) no ha dado resultados idóneos y por eso la reciente Liga de la Justicia - 41% pasó por un filtro muy diferente. La duración fue reducida considerablemente y, de paso, se agregó la voz de Joss Whedon, quien sin duda inyectó un toque humorístico ausente en las anteriores cintas. Los fans que tanto reniegan del humor de Marvel parecieron no tener problemas aquí. Sin embargo, la cinta falló en presentar a un villano memorable y aún permea en ella la sensación de lo apresurado de su hechura.

Ambos universos están contando abiertamente historias con muchas similitudes (villanos de la semana, pasados trágicos, aprender a trabajar en equipo, entes y aparatos que pueden destruir la Tierra) pero Marvel insiste en apegarse al humor porque sabe que dará vida y color a las historias. DC no ha podido molestarse demasiado en profundizar las personalidades de sus héroes y esto es un error que resulta fatal a corto y largo plazo. Una cosa es la visión de Snyder y otra la que han presentado los cómics durante años. Marvel deja a sus héroes respirar, Snyder constantemente los asfixia con problemas pobremente escritos. Estos espectáculos de superhéroes son, ante todo, un rato de esparcimiento que, si puede lograr tocar fibras más profundas será un plus, pero no es una obligación. Marvel lo entiende y no se complica la existencia, DC quiere hacer todo al mismo tiempo (el drama, el humor, la tragedia, la deconstrucción del género) y por ende no ha podido hacer bien ninguno, salvo la honrosa excepción de Mujer Maravilla. Ante la taquilla menguante de Liga de la Justicia - 41% es hora de que Warner se replantee las cosas y haga una seria meditación respecto al camino por el que lleva a algunos de los personajes más icónicos de la cultura popular. De igual manera, Marvel tendrá que empezar a ser más arriesgado antes de caer en la repetición inevitable. Si algo tienen en común estas empresas es la obligación de exigir más a sí mismas para poder ofrecer un producto de mayor calidad.

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